Un Shabat con nombre propio.

Este shabat tiene un nombre especial.

El primer Shabat del año, se llama “Shabat Shuvá” hay quien lo llama también “Shabat Tshuvá” y el cambio en el nombre de la palabra es significativo

Hemos comenzado un nuevo año y cada uno de una manera u otra se plantea nuevos propósitos para su vida, también nos proponemos de qué manera vamos a pasar Yom Kipur. Momento en el cuál nuestras sinagogas rebozan de personas y nos sentimos identificados con nuestra esencia, y de saber que nuestra presencia cuenta.

Shuvà y Tshuvà están relacionados con la palabra volver, volver al camino del judaísmo. Los comentaristas que vivían en Sefarad en el siglo XII y XIII, explican que volver es arrepentirse, pero debaten, cómo debe de ser nuestro arrepentimiento.

El poder arrepentirse es tener la capacidad de analizar nuestras propias experiencias y sentir un pesar, quizás casi un dolor moral, por lo que nosotros hicimos, tomamos conciencia de que hemos

perdido una oportunidad.

Por supuesto que muchas veces una persona se arrepiente por cosas muy simples, pero muchas otras veces nos arrepentimos por cosas que realmente no entendemos cómo pudimos haberlas hecho, cómo pudimos estar en un lugar y en una acción que realmente no pertenece a la forma en que nosotros actuamos de forma habitual.Podemos decir que llegamos a sentir vergüenza de nuestros propios actos.

El arrepentimiento consiste en dimensionar la vergüenza hacia un punto positivo.La vergüenza no tiene ni nombre ni identidad, pero dentro de la persona, se puede agigantar hasta impedir seguir haciendo cosas que realmente queremos realizar.

 

Shuvá y Teshuvá son dos movimientos. Teshuva significa volviendo y shuva significa volver. No es una traducción literal, pero es la forma en que nosotros podemos entender la discusión del nombre que tiene nuestro shabat.

El judaísmo no busca excavar en la angustia moral o en la perturbación de las relaciones entre el yo social y el yo individual, entre el yo que me muestro ante las personas y el yo que soy de verdad.

Para eso nos da un día, un día llamado Yom Kipur, donde nos dice que el tiempo es el que nos da la capacidad de perdonar y arrepentirnos; eso significa Teshuvá.

Nos hace volver, porque la esencia del día nos perdona, pero también hay un volver personal, están las personas que deben indagar en el yo individual. No porque tengamos temor al castigo, que en ese caso sería remordimiento, sino, principalmente, porque quiere acercarse a sí mismo y encontrar en dónde él puede plasmar su vida de una manera mejor.

 

Yom Kipur es una oportunidad única en el año, que D.s nos da para purificarnos para refinarnos, para acercarnos a él y principalmente, para tener la oportunidad de escribir nuestra autobiografía intima, con un conocimiento de causa de lo que hemos hecho y lo que dejamos de hacer.

En Yom Kipur entramos en un punto crucial en el cuál nosotros, en silencio, golpeamos sobre nuestro pecho y nos reintegramos a la sociedad a la que pertenecemos con una fuerza que impulsa a entregarnos a buenas causas.

No se necesita mucho llanto, ni mucha culpa, ni mucha vergüenza. Se necesita conciencia de querer aprovechar la oportunidad que el día sagrado nos ofrece, el tiempo hará su labor, pero pide de nosotros que hagamos el resto.

No esperemos a que sea el tiempo quien nos juzgue, sino nosotros los que juzguemos el tiempo en que vivimos y decidamos cambiarlo para bien con nuestras propias acciones.

Shabat SHALOM Gmar jatima  tova.

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