Las orejas del perro –

“Buscar pleitos es como agarrar un perro por las orejas” Rey Salomón -proverbio 26.17-

 

Así es como el Rey Salomón ejemplifica el hobby que tiene la humanidad de entrar en problemas innecesarios y así se manifiesta en el relato de nuestra lectura semanal de la Torah.

Yacov, el tercero de los patriarcas, se había despedido de su hermano Esav, en un tumultuoso momento ya que le había “robado la bendición de su padre” siguiendo el consejo de Rivka, su madre.

Habían pasado 34 años sin contacto con su hermano, 14 años en shem vaEver y otros 20 en casa de su suegro Lavan. De repente recuerda que tiene un hermano y quiere hacer las paces con él, sabiendo que no iba a ser una labor fácil.

Yacov prepara una batería de regalos, ante los cuales Esav le contesta con una batería de 400 hombres armados que se dirigen a él para solucionar las diferencias a base de espada.

¿Qué pasó después de 34 años? ¿Por qué ahora Yacov se acuerda que es momento de hacer las paces?

El propio relato nos lleva a la respuesta. Cuando Yacov finalmente se encuentra con Esav, se arrodilla frente a él 7 veces, símbolo de la grandeza y status de Esav.

La jasidut nos explica que en el principio de la creación las fuerzas del bien y del mal estaban compensadas, pero la acción del hombre en el universo rompió el equilibrio.

El bien y el mal estan entrelazados uno dentro de otro, es tanto así, como la afirmación que no hay bien sin mal e incluso no hay mal sin bien.

Los 400 hombres que se sumaban al frente de la representación del hermano Esav eran un compendio de la fuerza del mal, de allí que Yacov al verlos se manifieste con miedo y temor.

Yacov buscaba este enfrentamiento, estando seguro que iba a lograr redimir las fuerzas del bien que habitaban dentro de Esav e incluso más, transformar el mal en bien.

Los 34 años que habían pasado y el nacimiento de las 12 tribus le permitieron a Yacov sentirse con una muralla de contención, podía soportarlo todo, y que llegaría a tocar la fibra sensible del hermano, para hacer emerger su fuerza del bien.

Pero Yacov se equivocó, con su fuerza podía transformar a Esav, tenía las herramientas y argumentos suficientes, pero no era el metodo y tiempo adecuado para hacerlo.

En la modernidad constantemente nos encontramos con hombres de magnificas ideas y sin embargo no logran llevarlas a un buen desarrollo; el motivo principal no es la falta de herramientas o conocimientos, sino que están ocupados en el mundo sensorial (las orejas del perro) y no en el mundo de la acción donde solucionamos los pleitos sin un objetivo mayor que la paz en sí misma.

La visión de la Tora, como libro de instrucciones sobre el universo, nos da un aliento donde ciertamente el hombre no tiene la obligación de coronar con éxito su labor, sino aprender a enfrentar las dificultades, incluso aunque por momentos nos sintamos débiles, continuar la labor y compromiso con el bien.

 

David Libersohn

Rabbi

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