De lo debido e indebido.

El Rabbi de Kotz solia decir:

-No debe ser dicho todo lo que se piensa-.

-No debe ser escrito todo lo que se dice-.

-No debe ser publicado todo lo que se escribe-.

-No debe ser leído todo lo que se publica-.

-Pero NO todo lo que no se debe, debe ser, por indebido”.

 

Esta semana leemos en la Tora sobre la mayor iconografía judía, el Tabernáculo-Mishkan- primer sitio de culto del judaísmo, también llamado la casa de D.s.

 

De esta construcción, Mishkan, se deduce el aprendizaje de lo que fue el gran templo en Yerushalaim, y de todos los templos y sinagogas repartidos alrededor del mundo que reúnen a los judíos para rezar.

 

Es el gran icono del judaísmo, pero paradójicamente, el judaísmo no permite iconos.

 

Profundizando, llama la atención sobre la forma en que la terminología de la construcción del tabernáculo es la misma que se usa para describir la creación del universo por parte de D.os. El tabernáculo era, en otras palabras, un microcosmos, un recordatorio simbólico del mundo que D.s hizo. El hecho de que la presencia divina descansara en ella no pretendía sugerir que D.s está solo aquí, no en ese lugar. Estaba destinado a señalar, poderosa y palpablemente, que D.s existe en todo el cosmos.

 

Fue una estructura hecha por el hombre para reflejar y enfocar la atención en el universo creado por D.s.

Es la representación de la esencia de Ds pero no es Ds en su esencia.

 

Del mismo modo que las dimensiones del universo son precisas, matemáticamente exactas. Si hubieran diferido en el más mínimo grado del universo, o la vida, no existirían; el mundo no es solamente un cumulo de órdenes.

 

Este mundo está destinado para el ser viviente, para el que quiere transformar a partir de nuevas ideas constantemente; para el hombre que toma consciencia de que hay cosas debidas e indebidas y que por mucho que queramos; no todo lo permitido es necesario y no todo lo necesario tiene que ser en el mismo momento en que nosotros lo deseamos.

 

El judaísmo santifica el tiempo y la cábala nos enseña que también el tiempo tiene una forma en el espacio.

 

En el tiempo y el espacio se desarrolla el hombre, sobre lo prohibido y lo permitido la Tora nos hace un dictamen, sobre lo debido y lo indebido se nos deja a nosotros, según nuestra aproximación a los tiempos y espacios.

 

El mishkan nos recuerda que el espacio se santifica con el objetivo de servir a D.s y es nuestra responsabilidad transitar en el sendero cargando la conciencia del paso, mirando con ella el futuro; y envejeciendo a momentos; esa transformación significa «santificar» y permite visualizar, lo no se debe por indebido.

 

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