Moshe, el hombre que no está.

Podríamos decir con cierta seguridad que no hay judío que no conozca a Moises, Moshe, también llamado Moshe Rabeinu.

 

La Torá misma es llamada a su nombre.

 

Esta semana en la lectura semanal conocemos su personalidad.

Hablaremos sobre el significado de su nombre, su humildad, su dedicación a su rebaño y el hecho de que su nombre no se menciona en la historia como un nombre propio, sino como el enviado a hacer sacar a los judíos de Egipto y entregarles la Torá.

 

Hay muchos pasajes en la Torá donde Moshé es el héroe central en ellos; esta mencionado en promedio veinte veces en cada parashá. Excepto en la Perashat Tetzaveh, es la única perashá en que su nombre no aparece.

 

Nos explican que fue por haber retado a D-os, pidiéndole una disculpa para el pueblo de Israel, por el becerro de oro. Increpando “borrame de tu libro que escribiste”.

 

Es interesante que la parashá en la que NO se menciona su nombre, es la que trata de él, más que nunca.

 

Moshe aparece en primera persona, su implicación en la construcción del templo es máxima, manifiesta cercanía e implicación con los que trabajan con él.

D-os mismo se vuelve hacia él, en un tiempo presente diciéndole: “Mandarás”, “Ellos te llevarán” y más.

 

Se cumple la premisa de que, “lo que está oculto es, por ser su mayor manifiesto”.

 

Aprendo de esto que la presencia de una persona no necesariamente tiene que ver con lo que le llaman y si le ponen un nombre.

Algunas personas se aseguran de que se las mencione con su nombre y honor cuando se encuentren en algún lugar o evento y, sin embargo, si les pregunta a los otros participantes, no recordarán o sentirán necesariamente la presencia del primero.

 

No obstante, hay personas que tienen una fuerte presencia interior. No necesitan ser mencionados, no necesitan concurrencia, el ambiente que lo envuelve, manifestara su presencia.

 

Nuestras vida está llena de formalismos y especialmente en aquellos momentos que el protocolo nos lo requiere. Pero, realmente valdrá la pena la presencia solo si el tema y el título lo merecen.

 

No somos imprescindibles, pero también necesitamos un balance entre el saber estar y convertirnos en el artista, aquel cuya obra manifiesta su ser y su presencia solamente la incordiaría.

 

Paradójicamente, un cuadro de Picasso con su autor en vida sería mucho menos valioso, porque mientras estamos vivos no hay nada que se convierta en único. Ni obra ni momento que no pueda superarse.

 

En Moshe el no estar es SU verdadera presencia, tanto es así, que al morir se nos oculta el lugar de reposo. Porque él está y vive en su obra; la Torá.

 

Shabat SHALOM.

Dovid Libersohn

Rabi

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