Vivir para Vivir

La modernidad nos permite comunicarnos de forma espontánea, los viernes, víspera de Shabat, las culturas cruzan océanos y las expresiones casi étnicas se vuelven universales; maestros, pensadores, rabinos etc. Dedican a manifestar la constante interpretación de la Torah, en idiomas versiones y matices diferentes. Esa confluencia se transforma en el placer intelectual, que nos prepara para el descanso del shabat.

 

En la vida casi todo puede ser relativo, pero hay cuestiones que son absolutas, el momento de nacer vivir, y el polo opuesto, la muerte.

 

Ambos momentos son remarcados en la Torah como momentos en los que atañe la impureza y la posibilidad de purificarse. Conceptos únicos y originales del lenguaje bíblico y sus obligaciones.

 

El hombre que entierra y hacer la gran Mizvah de acompañar a un difunto (Jevra Kadisha) en sus últimos momentos, paradójicamente se vuelve impuro y preguntamos ¿Por qué?

 

Este Shabat leemos el Maftir de la vaca roja que venía a purificar al pueblo de Israel; esta vaca de color rojo absoluto, a la edad de tres años tenía que ser sacrificada en el monte de los olivos, incinerada al fuego, se le aumentaba un madero de cedro con musgo y un gusano de seda, se mezclaba con agua de manantial, para finalmente salpicar al hombre; en su purificación, un ritual sumamente complejo y ¿Por qué?

 

¡La respuesta en un castellano llano, es Porque SI!

 

No hay un motivo racional a esta ordenanza, no hay una alusión a la memoria colectiva o individual, no hay un incentivo espiritual al cumplimiento de lo que no logramos comprender; más que el cumplimiento en sí de la ordenanza.

 

En la estructura del pensamiento del ser humano existen una infinidad de cosas que son, porque si o porque no, *es decir se relacionan con la forma más intrínseca del ser hacia la vida y hacia la muerte en sí mismos.

 

La Torah nos ayuda a realizar un vaciado de motivos, que nos inclinan hacia el bien o hacia el mal, para intentar educarnos hacia el cumplimiento de la voluntad divina como un objetivo per se.

 

¡Y como padres que levante la mano quien pueda decir que en muchas cosas no educa a sus hijos en SU camino al que cada uno a su modo lo llama, porque si!

 

Porque la pertenencia esencial del pueblo de Israel a su identidad, a su tierra y al libro no están dadas en la elección del ser, sino que son porque sí y el hombre toma consciencia de ellas a través de la obligación.

 

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