La Lógica del amor

 

Una de las ideas mas recurrentes sobre el judaísmo es que su lógica acepta que hay contradicciones verdaderas.

La creación en sí, esta basada en la idea de que el bien y el mal tienen la misma fuerza, y como resultado de ese pensamiento se nos permite juzgar la contradicción y aprender de ella dos resultados contradictorios, que ambos serán verdaderos.

La lectura de nuestra semana nos habla del famoso versículo – Vehavata lereaja Kamoja – “amaras a tu prójimo como a ti mismo”. Pero, si una persona se ama a si mismo ya no hay espacio para el amor al prójimo, ya que el amor propio lo ocupa todo, creando solamente relaciones de conveniencia.

El amor por nosotros mismos definirá el espacio que hay para las ideas y la existencia de un tercero en nuestras vidas.
Las contradicciones son el punto de inflexión que nos permite relacionar dos cosas, justamente, por ser opuestas.
La relación entre nosotros y nuestro prójimo convive por la ordenanza de la palabra «Vehavata» que significa “Y AMARAS”… es el amor que nace bajo el efecto de una conjunción, donde aceptamos que debemos unirnos y en este caso el amor es el método.

Podríamos pensar, que hay métodos mas simples que el amor, que nos lleva hacia valores incondicionales, que pide de nosotros un sentimiento vivo, para que la otra persona pueda aprovecharse de todo lo bueno que nosotros le damos.

De hecho, el amor intrínsecamente pide pasión para plasmarse y la pasión hace manifestar nuestras voluntades y deseos mas esenciales.

El hombre tiene dos facetas, la primera es la que el hombre domina a todo su universo, convirtiéndose en un hombre majestuoso y de éxito, a través del conocimiento y el acopio de la materia. La segunda, es el hombre de fe, que lo transforma en un ser humilde que nace para dar y cuya existencia solo tiene sentido si sus ideales se ven manifestados dentro de una comunidad que piensa y actúa como el y en la que todos somos iguales.

Nuestro esfuerzo cotidiano debe tener un balance entre ambas facetas, amar al prójimo como a ti mismo es el balance entre el hombre de fe y el hombre de la acción, podrían ser contradictorios pero el amor es el método en el cual dar y recibir interactúan a favor del individuo y la comunidad; donde entre amigos y entre hombres y mujeres, cada uno en su función, trabaja con armonía perfecta para que el uno sea el todo y el todo sea cada uno de nosotros.

No en vano dijo Rabbi Akiva que esta es la regla mayor de la Torá sobre la cual edificamos nuestras generaciones y construimos una cadena fortalecida con una identidad propia para cada eslabón que son las distintas reproducciones de la misma acción a través del tiempo.

Eso es una Mitzva, reproducir la misma acción a través del tiempo.

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