Bendición de Paz

176 versículos hacen de la lectura semanal de Naso la perasha más larga del año.

 

Indudablemente su punto más trascendente es la bendición de los Kohanim.

 

Moshe le dice a Aharon bendice al pueblo de Israel, una bella y fraternal bendición.

 

Que D-s os bendiga y proteja;

Que D-s haga brillar su rostro frente a vosotros y os otorgue su gracia;

Que D-s eleve su rostro hacia vosotros y os dé paz

Y ellos pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré.

 

La bendición además de finalizar con un deseo de paz, nos invita a un reto metafísico, la invocación de SU nombre en nuestras vidas como método para  observar SU bendición en nuestros hábitos.

 

Una bendición unipersonal y en primera persona en la percepción de D-s bajo las palabras- ¡Y YO OS BENDECIRÉ!

 

El lenguaje de la Tora en la bendición tiene una estructura rítmica y marcada, las líneas contienen tres, cinco y siete palabras respectivamente. En cada una de ellas la segunda palabra es el nombre de D-s y en cada uno de los tres versículos hay una actividad que manifiesta la interacción entre seres queridos.

 

En la primera bendice, luego hace brillar su rostro y finalmente gira su rostro hacia a ti, muy similar al proceso de amor y cercanía entre dos personas que pasan por un proceso transitorio y conductual, para que las emociones puedan emanar desde nosotros mismos y contagiar a todo nuestro entorno.

 

Comienza sensibilizando las emociones a través de la bendición, el brillo del rostro manifiesta nuestra condición, donde el cerebro ha reaccionado comunicándose con los procedimientos conductuales de nuestro ser, y finalmente al girar nuestro rostro para acercarnos al otro.

 

Girando nuestro rostro, manifestamos la anulación de nuestra presencia, predomina nuestra voluntad de fusionarnos en un solo ser, de hacer trascender la unión del yo para sumar fuerzas y objetivos.

 

Esa misma acción es la que nos traer la paz y unidos somos capaces de personificar la idea de D-s en nuestras vidas.

 

Es una anulación del ser, en la que nadie debe de ceder sus valores ni cambiar sus convicciones incluso no necesitamos demostrarnos a nosotros mismos quienes somos para recibir una bendición de D-s, sino estar conscientes de que cuando una persona vuelve su rostro en un acto de humildad esta repitiendo lo que D-s hace para mirar al mundo y hacer las paces con aquellos que no lo invocan o cumplen su voluntad.

 

La bendición se hace larga y profunda cuando abarca desde los bienes materiales hasta la bendición interpersonal de la gracia que hay entre el nosotros y los demás.

 

Desde lo más íntimo y el sosiego, a lo exterior y enfebrecido; porque la paz es un dueto, no un solo y nunca puede ser alcanzada por una sola de las partes.

 

 

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