El beso de la muerte – El agua de la vida

En el relato de la Perasha semanal, tanto Miriam como Aharon mueren. Rashi nos sugiere que murieron de la misma manera: con un beso divino.

 

Sin embargo, el texto solamente habla del beso divino a Aharon y no un beso a Miriam, Rashi nos sigue comentando que es por causa de pudor, no sería respetuoso hacia la intimidad de Miriam y su creador.

La muerte de Miriam, sí manifiesta, que cuando ella deja de existir, las aguas del manantial del cual todos bebían, y que vivían en su mérito, dejaron de estar presentes.

 

Tuvimos tres regalos que nos sostuvieron en el desierto: el maná en el mérito de Moshe, las nubes de gloria en el mérito de Aharon y el pozo en el mérito de Miriam.

 

La ausencia de las aguas hace clamar al pueblo, lo manifiestan en un estado de rebeldía pura; cosa que no ocurre con la falta de Aharon, aunque las nubes de gloria (sombra y protección) les eran tan necesarias para poder vivir, como el agua en sí.

 

Las capas antropomórficas y de género que hay en el texto nos traen una interesante visión de la jasidut, sobre la labor de la mujer en su universo y la propia manifestación de su ser.

 

Podemos entender la relación entre Miriam y el pozo, ya que el pozo se percibe como una fuente de agua autogenerada y autocontenida. Miriam es el pozo, y cuando ella muere, el pozo muere con ella.

 

La mujer hace nacer el judaísmo porque ella lo contiene desde su ser innato.

Diferente a la acción del hombre que aporta, transmite, enseña y está obligado, pero como un anexo a su ser, y por ello con Aharon no se lamenta la falta de las nubes de gloria, porque, lo que se vive como un anexo es fácilmente sustituible en la mutación o nacimiento de nuevo concepto de vida.

 

Esta es una de las respuestas que asoman constantemente en la modernidad, ¿porque el judaísmo se transmite a través de la madre?

 

 Porque el género femenino aporta lo inmanente (intrínseco al ser) que es a su vez, lo inmanente del judaísmo y el hombre aporta lo trascendente.

 

En la diferencia entre ambos habitan las utopías, que se plasman, no nada más en el género por sus diferencias, sino principalmente en el pueblo de Israel por su conceptualización. La responsabilidad de ser un pueblo que se separa de los demás, con propia identidad y con la firme voluntad de iluminar e involucrarse en toda la humanidad. Inclinar la balanza del mundo para el bien a través de micro acciones llamadas Mizvot, ¡actos de bien constantes, que se unen los unos a los otros permitiéndonos llegar a mucho más!

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