Mi Caballo Ganador

Una de mis alegorías preferidas, que el venerado jasid, Reb Mendel Futerfas solía explicar, era la manera en que un cosaco elegía su caballo.

 

Los cosacos organizaban una ardua caminata para que los caballos corrieran. El camino era tan traicionero que muchos caballos fueron considerados no aptos desde el principio.

Los caballos debían cruzar montañas y valles, atravesar espinas, matorrales y todas las modalidades de terreno más difícil.

A lo largo del viaje, muchos caballos abandonaban e incluso morían. Al final de la prueba, después que el rebaño se había adelgazado y debilitado, había una última prueba, atravesar los torrentes del río Don. Pocos lograban atravesar el río, y la mayoría eran arrastrados por las corrientes. Pero incluso entonces, la prueba no había terminado, ya que sólo el caballo que regresaba al río para rescatar a otros caballos estaba en condiciones de ser comprado bajo la certificación de «Un caballo para el cosaco».

 

Si imagináramos por un segundo, después de esta terrible experiencia, que los caballos eran llevados al mercado de caballos para ser vendidos; y allí un individuo, que no sabía nada de este telón de fondo, llegaba a la feria y veía dos caballos a la venta: uno golpeado y magullado que alcanza un precio exorbitante, y otro caballo con apariencia saludable y fuerte que se vendía por una miseria en comparación.

 

Solo un experto en caballos conocería la verdadera fuerza del valioso caballo, que pasó la prueba más difícil.

 

Cuando uno mira la historia del pueblo judío, puede compararse con el caballo de nuestra prueba. Para el extraño, sin darse cuenta de la historia del pueblo judío, es fácil menospreciar su posición. Uno puede ver individuos que transgreden muchas de las leyes de Di-s e inquilinos de moralidad básica: incoherentes con sus propias creencias y alejados de la responsabilidad de su propio legado.

 

Otros pueblos pueden parecer más saludables, sin mancha y sin corrupción. Pero no tienen los moretones  que certifican su transición en el tiempo.

 

El progresivo aumento del conocimiento y el espectacular desarrollo de las capacidades intelectuales que marcan la tradición del pueblo de Israel, son producto de una evolución inarmónica.

 

Comenzamos el mes de Av, y con ello los días de memoria de la destrucción del gran templo en Yerushalaim, nosotros escribimos nuestra propia historia, porque también como perdedores, sabemos que es solamente parte de un designio a seguir en la estela del tiempo; un camino en que llegaremos a la gran redención de un pueblo que hoy sigue diseminando con su identidad, compromiso y tradiciones.

 

Marchamos hacia la reconstrucción de Yerushalaim, y sí, aún tendremos que sentarnos en el suelo a conmemorar, a sentirnos mallugados; pero siempre tendremos la conciencia muy en alto, para volver al río a salvar a aquellos que se sintieron arrastrados por la corriente.

 

Shabat Shalom

 

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