HABLEMOS MAL O BIEN.

Compartiré un dilema, que me acompaña desde mis años de juventud.

El título de la porción semanal se llama Jueces.

 

Al tener jueces asumimos que existe el derecho al juicio humano, si otros nos pueden juzgar, significa que nosotros también tenemos derecho a emitir un juicio sobre nosotros y también sobre la sociedad que nos rodea.

PERO… en el judaísmo existe un concepto llamado Lashon Hara, que nos prohíbe hablar mal del otro, incluso nos lleva al extremo de que está prohibido hablar del otro mal o bien cuando no está presente, y aún más lejos, pensar mal de nuestro interlocutor.

Pero… ¿Estamos obligados a meter todo debajo de la alfombra?

Todo lo que construimos y enseñamos a nuestros hijos, todas nuestras inversiones y dedicación al bien, todos nuestros estándares morales, todo nuestro sistema educativo, se podría eliminar de una sola vez cuando nosotros o nuestros hijos sufriríamos un abuso, acoso, etc, solo una sociedad despierta y ciertamente crítica puede parar el posible mal del mañana.

 

Comencemos diciendo claramente que la forma de pensar de la Torá es, que cualquier pregunta que tengamos debe enmarcarse en un contexto objetivo, y sopesarla según varios criterios morales que nos ayudaran a expresarla con cierta claridad; PERO estamos obligados a preguntar y preguntarnos.

Esto es especialmente cierto para temas controvertidos y cargados de emociones, debido a su efecto subjetivo en todos nosotros: miedo, ira, venganza, conmoción, incredulidad y todos los demás sentimientos complejos provocados por el abuso de un tercero en cualquier medida.

 

El primero de todos los axiomas éticos y de la Torá debe establecerse desde el principio: Nadie tiene derecho a quebrantar de ninguna manera el cuerpo o el alma de otro ser humano.

En cualquier forma, física, psicológica, verbal, emocional.

 

La siguiente pregunta es: ¿Cuáles son nuestras obligaciones como individuos frente al mal que vemos? Desde nuestra responsabilidad como padres, maestros, escritores, o simplemente ciudadanos adultos, ¿Cuándo se trata de una vulneración, o la vulneración de nuestras ideas propias?

Por un lado, estamos hablando de proteger a las personas inocentes, lo que claramente es una obligación importante y una preocupación prioritaria. Por otro lado, tenemos leyes que prohíben a las personas avergonzar (incluso criminales) en público, leyes siempre esperanzadoras, lo que permite a las personas corregir sus costumbres.

Además de las leyes mencionadas sobre evitar los chismes y hablar mal de los demás (lashon hara), y no alimentar el instinto básico de «hablar sobre los demás» o «expediciones de caza de brujas» llamado bulling.

 

La tora nos introduce en una dicotomía de un ser pensante. Nos obliga a tomar posición, a no ser un borrego del pensamiento multitudinario, a aprender a discernir en busca de la verdad.

 

Y en verdad la Tora nos pone las cosas muy claras

“No coloques una piedra de tropiezo ante el ciego” (Levítico 19:14), que incluye la obligación de advertir a alguien de un peligro del que somos conscientes.

«No te quedes quieto sobre la sangre de tu prójimo (y no se refiere solo a matar físicamente).»

 

Hay una respuesta que será nuestro hilo conductor, como judíos manifestamos la respuesta en una mejor pregunta.

¿Qué es lo mejor para las posibles víctimas? ¿Ayudará; puede esta acción ayudar a evitar que alguien resulte herido o no? Si la respuesta es sí o incluso tal vez sí, entonces se debe tomar la acción de acusar, de hablar, de ser enérgicos e incluso llegar al referente de la ley.

 

No puedo de dejar de relacionarlo con los días de preparación a Rosh Hashana (próximo domingo 29 de Sept) la única manera de hacer balance real sobre nuestros actos, es preguntarnos ¿Dónde estamos? ser críticos, en una crítica constructiva, que nos permita cruzar nuestros propios límites; y expresar con absoluta sinceridad lo que nos hace mal.

D.s nos escribe para nuestro próximo año, para un año bueno y dulce, y nosotros escribimos nuestra historia con determinación.

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