Nuestro espacio

Esta mañana un buen amigo me envió una salutación de shabat con una frase de Viktor Frankl que dice:
Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio.
En ese espacio esta nuestro poder para elegir nuestra respuesta.
En nuestra respuesta radica nuestro crecimiento y nuestra libertad.

Todo lo que oímos y vemos nos ocurre con providencia divina. ¿realmente hay un espacio solo para nosotros?, ¿acaso realmente podemos elegir?

La lectura de nuestra semana lleva el nombre de Behar, que significa “en el monte“, una elevación natural del terreno en relación a su base, las hay montañas más altas y hay las que se agrupan unas con otras creando sierras o cordilleras.

El hombre también tiene una base, un espacio de elevación natural y un lugar donde puede elegir erigirse por encima de sus posibilidades, lograr elevar sus objetivos y alcanzarlos.

Behar nos habla de leyes comerciales, pone una serie de leyes sobre la forma en que nosotros podemos explotar la tierra y sus productos, en un ciclo de 7 años, donde al final del mismo. Las deudas monetarias son absueltas, y la tierra no es trabajada.

Es una oportunidad para el hombre, de abolir a su compañero de una responsabilidad monetaria que no pudo asumir, es momento de dejar la cosecha que crece en el campo para que el pobre venga y recoja lo que desee.

No se nos viene a enseñar leyes en contra de la riqueza, ni abolir la propiedad privada. Se deseaba, por el contrario, que todo el mundo tuviera algo, de modo que nadie debido a su pobreza, se convirtiese en un hombre, con una mente esclava de sus deudas o condición social.

Las leyes del jubileo inspiran libertad, equidad y justicia, para ello necesitamos un marco donde actuar como lo define Frankl; un espacio que esta entre el estímulo y nuestras respuestas.

El trabajo con el cual nos ganamos la vida todos los días y nos da dignidad también tiene límites.

El judaísmo nunca fue desdeñoso con la economía productiva y obviamente no es partidario de la creación de una clase ociosa, pero al mismo tiempo somos anhelantes de la redención.

Para ello tenemos que ser capaces de legislar moralmente todos los campos de actividad del ser humano, incluido la propiedad privada y muy por encima de ello, la oportunidad de darle al ser humano una segunda oportunidad sin ninguna carga, ni moral ni económica.

El jubileo de la Tora NO nos dice que hay que repartir la riqueza de forma equitativa, sino que hay que crear una economía de mercado que pueda crear oportunidad y riqueza para todos.

Un espacio donde nuestro crecimiento y nuestra libertad sean infinitos y que sea nuestra respuesta a los estímulos del universo a través de nuestro compromiso con las Mizvot, una visión social profundamente humana, comprometida en la educación de nuestros hijos, y el emprendimiento constante.

La palabra UNICA que lo define es TESHUVA, volver a empezar cada día, porque somos capaces siempre de volver a nuestro origen individual y colectivo.

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