¿Qué significa recibir la Torá?

 

Cuando hablamos de la Torá nos viene un torrente de ideas sobre: cómo identificarla, cómo leerla, cómo interpretarla y cómo transmitirla.

Se dice que la Torá es nuestra mirilla al universo, a través de su pensamiento vemos las cosas con otro valor, otra dimensión, que de hecho es la que nos hace un pueblo.

¿Pero porque se nos entregó la Torá en el año 2448 de la creación y no en el año cero?
¿Acaso las generaciones previas no necesitaban esta visión de la Torah?

Desde siempre la vida y el hogar han sido las fuerzas del pueblo judío; son el continente y contenido de nuestro ser.

El judaísmo quiza podría sobrevivir sin la sinagoga, pero jamás sin la familia y una visión proactiva por la vida.

La Cábala nos explica que la pareja; hombre y mujer, antes de bajar al mundo eran una misma alma; al bajar estas dos mitades se envisten en dos cuerpos diferentes, una mitad masculino y la otra femenino. Luego tras la búsqueda y el esfuerzo se reencuentran para el matrimonio.

En hebreo la ceremonia del casamiento es llamada Kidushin: consagración. Un acto santificado y un mandamiento divino, en el que se refleja una vida dedicada a valores e ideales espirituales.

Un casamiento, se asemeja al momento de la entrega de la Torá. D-s se presentó como el Jatán (novio), el pueblo de Israel la KaIá (la novia). El Monte Sinaí y las nubes de protección, la Jupá, y los relámpagos, las velas encendidas. Son parte del escenario.

Los truenos, la música, los Diez Mandamientos, la lectura de la Ketubá, bajo este acto de santidad, permiten que los novios reciban un caudal de bendiciones, con el potencial necesario, para hacer llevar adelante un hogar.

Para llegar a este momento se necesita una enorme preparación, una transformación de nuestros sentimientos para embriagarnos de amor y deseo.

El pueblo de Israel y D-s manifiestan un matrimonio el día de Shavout.
El mundo desde el principio de su creación fue guardando en su memoria el resultado de los actos que se practicaban en él, hasta llegar a la plenitud y madurez.

El pueblo de Israel también se preparó y culminó su realización en los años de esclavitud en Egipto, llegando a el matrimonio, en un compromiso con D-s.

Al recibir la Torá la fusión entre todos los participantes y el lugar especifico en el monte Sinaí permitieron por primera vez santificar el tiempo.

Tan simple y tan difícil es santificarlo, cada momento que dedicamos a hacer un acto de bien consolidamos ese momento para la eternidad, eso mismo es la Torá una herramienta que nos permite detener el tiempo, transformando lo más efímero y convertirlo en una reacción de bien infinito.

¡¡Que seamos capaces de recibir la Torá con alegría y sentido interno para nuestras vidas!!

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