Algo personal, encender una vela.

Llegaron mis 45 años y muchos sueños vuelven a ser parte de mi realidad, pongo el cuenta kilómetros a cero y me permito disfrutar de esta enésima oportunidad que la vida pone en mi camino.

 

El Rabi de Lubavitch nos insta a compartir este momento, a celebrarlo. * Así lo escribe:

 

El día de su nacimiento la persona debe hacer introspección, elevar memorias y meditar en ellas, lo que precisa recomponer o hacer Teshuva (arrepentir o enmendar) debe el hombre volver y recomponerlo. -Hayom yom, 11 nissan-

 

Una labor nada fácil, para el simple hecho de haber nacido.

 

Esta semana tuve la oportunidad de reunirme con todos mis hermanos, fuimos educados a visualizar la responsabilidad comunitaria como primordial en nuestro compromiso, mis hermanos sirven en la educación como rabinos en Mexico, Brasil, Chile.

 

Hacer memoria comienza desde la niñez y hasta hoy.

 

Asumir el reto de hacer memoria y Teshuva, aprovechar este momento para agradecer públicamente los muchísimos momentos en que compartimos este último año, y algunos años más atrás, sentir gratitud por los que me brindaron grandes y pequeños granos de arena para que el Judaísmo de esta ciudad sea aunque sea un poco mejor.

También manifestar profunda empatía por los que discrepan de mis ideales como persona o pensamiento. “La crítica nos sostiene en la verdad.” -Mishna avot-

 

La verdad, el Judaísmo de nuestra ciudad tiene mucho más por hacer, que lo que podríamos dar por hecho.

 

Esto no nos debilita, quizá lo contrario

se podría decir, me siento más fuerte y más seguro, más decidido. Habiendo aprendido de los errores para no volver a cometerlos.

 

Mis pocos años me permiten en el sentido más melancólico, quitarme la armadura oxidada que llevo para defenderme de la hostilidad. Volver a sentir la brisa en mi piel, volver a despertarme sin miedo a enfrentar el día. Porque ganaremos la batalla, ella tiene un nombre y se llama asimilación.

 

Llegaron mis 45 años Destino Barcelona

Mi regalo de cumpleaños ha sido un viaje, que emprendí junto a mi esposa, al principio el destino no importaba, sino la experiencia que como alumno del Rabi, deseaba entonces y quiero hoy, volver a vivir y transmitir a mi hijos, familia, comunidad etc.

 

En el viaje, organizar el itinerario, conocer lugares nuevos y vivir nuevas aventuras, son detalles de una impronta:

«los lugares, y en este caso los estudios, las fiestas, los debates, las buenas decisiones, los compromisos, todos tienen su encanto, y su magia, pero lo que los hace realmente interesantes son, la compañía, las personas que se han sumado a este viaje en el judaísmo que compartimos».

 

No hay tristeza más grande que sentir que algo te falta y no hay lujo más preciado que sentirte cobijado por cariño y amor genuino.

 

Esta semana leemos en la Torah sobre la obligación de encender las luminarias, en la Menorah.

Las luminarias somos las personas, que nos debemos encender para iluminar. Para ello hay que aportar material de combustión, una mecha, y una cerilla encendida, pero la decisión de unirlos es SOLAMENTE de cada uno de nosotros.

 

Reeditó el momento en que nací, pongo el cuenta kilómetro a cero, en lo que pido a D.s sea menos de la mitad de mi vida.

 

Al cumplir años, el hombre debe sentir plenitud, y principalmente tener profunda fé, en que nosotros nos llevaremos el gran botín, de tantas y tantas generaciones que se han sacrificado para que nosotros celebremos ser Yehudim!!

 

Mi segunda mitad de vida, la viviremos unidos como pueblo en la tierra de Israel, sin esta convicción el judaísmo probablemente no tendría ningún sentido.

 

 

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